Thursday, January 27, 2011

Me detiene el dolor

Para variar, mi sistema se ha encabritado que ni pa'trás ni pa'lante.  Para que se entienda claramente, me duelen hasta las pestañas y tengo TODO el trabajo atrasado.
Como entiendo que tres dosis al día de 600 miligramos de ibuprofeno mezclado con pregabalin (o con su nombre comercial Lyrica) es lo único que me quita el dolor, pero así mismo me puede perforar el estomago o el hígado (o las dos cosas), me he ido haciendo a la idea de que debo volver a la vieja táctica de "aprender a tolerarme a mí misma", hasta que ya no pueda más.
Déjenme decirles que no hay santos.  Lo comento aquí, porque para eso es este espacio, y además porque sé que hay muchos que como yo viven en permanente dolor, muchas veces en peores condiciones.  Al menos yo me fuerzo a moverme sin mucha queja, y lo que amo hacer me mantiene digamos que bastante activa, por el compromiso que sugiere el ser un ente creativo y un comunicador.  Pero eso no quiere decir que de veras me duela, coño.

Intentaré ilustrarlo, como al fin logré ilustrar la fatiga incomprensible de mis piernas.  Este dolor es... una locura sin remedio, y una sensación de estarse muriendo, hasta con remedio.  Especialmente las coyunturas de mis hombros y mis caderas se sienten como si les hubiesen instalado un tornillo enorme con un torniquete, y cada vez que me muevo algo da vueltas al torniquete para que el tornillo llegue más profundo.  Por supuesto estoy consciente de que mi peso es un punto en contra (y un punto bastante grande), pero eso ya lo estoy intentando solucionar, cosa que tampoco me garantiza mejoras.  O sea, "palos si bogas y si no bogas palos".  Así estoy ahora, aunque no puedo permanecer de pié por más de cinco o diez minutos sin perder el balance, aún camino con asistencia de un andador.  El fin es bajar no menos de 80 libras (de mis 276), dejar el andador y luego seguir hasta ni siquiera necesitar de una silla para desplazarme.


 

Thursday, January 6, 2011

SIEMPRE CREO

Mi abuela siempre decía: "Las que creen son las gallinas".  Todavía no entiendo qué significa exactamente el dicho, pero a este punto da igual.  Como otras cosas, muchos de los típicos dichos de nuestros países van evolucionando para terminar siendo diferentes o simplemente desaparecer.  Felizmente nací y me crié en una familia tan extensa como diversa, donde algunos poseen el regalo divino de ese ingenio pícaro que es, hasta cierto punto, lo que nos mantiene a muchos conservando la cordura. Esto del lado materno.  Del lado paterno, la familia no ha sido grande, pero igualmente tiene lo suyo, con una historia "escabrosa" protagonizada por los bisabuelos, una tía-abuela que solo hablaba con refranes (cosa que de alguna forma hago también), y el único hermano de mi padre que finalmente se dejó vencer por el alcohol, a pesar de querer ser "escritor" y vivir apasionado a la lectura.  
Algo bueno debí haber heredado.

Para orgullo de nuestros mayores, hemos hecho una vida digna, siempre siguiendo caminos a metas definidas y sobre todo, atados a costumbres y tradiciones que muchos seríamos incapaces de violentar, aunque al igual que los antes mencionados "dichos", éstas también hayan evolucionado.
Claro que, como todo lo que compete a una familia numerosa, son muchísimos los desacuerdos y conflictos, dada la variedad de "puntos de vista", aunque "la sangre nunca llegue al rió".  En algunos casos igualmente habrá de cambiar el propósito, el camino y hasta la meta final, pero siempre que el concepto de "somos una buena familia" se conserve, lo demás hasta tomará un segundo plano en importancia.
Estos días estuve jugando a "construir" un pequeño árbol genealógico y no fue mucho lo que pude obtener.  No porque hasta ahí llegue, sino porque desde ahí no conozco nuevos miembros.  Eso: "descubrí" que realmente conozco muy poco de la familia.

Simple y lógicamente, llega un punto en el que se pierde el contacto, cada cual tiene su vida, y se detiene el crecimiento numérico, porque los nuevos integrantes deciden no procrear, como ha pasado con miembros de mi generación.  Aún debo terminar de añadir fechas, nombres, apellidos y demás, pero lo tomaré como parte de un entretenimiento que me apasiona y el día menos pensado, estará terminado y veré si de alguna manera "construyo" el árbol genealógico de la familia paterna.

¿Se han dado cuenta de todas las conclusiones a las que me ha llevado un proyecto que apenas comienza?  Sólo el asumir que (como todo en el Universo) la familia evoluciona, me ha dejado pensando que, siendo que la familia es el núcleo de la sociedad, responsable de inculcar valores y criar miembros útiles, de calidad moral, que igualmente perpetúen las enseñanzas, deberían los miembros de ese núcleo concienciarse de sus responsabilidades y cumplir con ellas hasta cerrar el círculo.  
Entonces me detengo y pienso que en realidad, de todos los núcleos que componen esta sociedad, ciertamente cada vez son menos los que "se atreven" a "agarrar el toro por los cuernos", y esa es una de las razones por las que hemos convertido nuestro entorno en el pequeño infierno que es, junto con la extrema división de clases no ya sociales, sino económicas.  "Tanto tienes, tanto vales", etc., etc., etc.  Ha aumentado desproporcionadamente la violencia y la criminalidad, pero el pobre ya ni se preocupa porque no tiene nada que perder, y el rico vive en constante zozobra por temor a que le arrebaten lo que tiene. 
Lo primero se llama "indiferencia" y lo segundo "miedo".
¿Qué clase de vida estamos viviendo?

Si fuera a hacer un análisis sociológico, me complicaría la vida inútilmente, pues para el momento en que lo termine, tendría forzosamente que comenzar otro, y no soy socióloga ni nada que se le parezca.  Simplemente no puedo calzar los zapatos de nadie, por lo que mi intensión es más la de hacer un llamado a que intentemos "recuperar" lo que hemos perdido en el camino, comenzando por tradiciones que han sido penosamente "absorbidas" por la asimilación de una cultura impuesta por años, que ha invadido indiscriminadamente todos los aspectos de nuestra vida, comenzando por la disolución de la familia.  Sí, esa familia que es el núcleo. 

Nos hemos "acomodado" a una cultura que no nos pertenece y que ha socavado los cimientos de nuestra identidad como pueblo, hasta el punto de convencernos de que para sobrevivir tenemos que "venderle el alma al diablo".  Bien dice el dicho: "Repite una mentira cien veces, y la habrás de convertir en verdad".  ¿No creen que más de un siglo es demasiado?
A quienes sé la harán de contrapunto desastroso a este texto, debo aclararles que aprender de otros es saludable, siempre que los conocimientos que adquiramos no atenten contra nuestra individualidad.  Es muy cierto que "no es lo mismo llamar al diablo que verlo venir", así que concéntrense en hacer bien su trabajo y cumplir con la parte de responsabilidad que les toca.  Es la única manera de llamarnos dignamente BORICUAS.
Ya está bueno de "creer en 'va a llover' cuando no hay ni barrunto".  Recuerden que "no es lo mismo lo que piensa el burro, que quien lo apareja".

©Irely Martínez Montes