Claro, no deja de doler el condenado, pero al menos ha pasado (de momento) esa sensación tan desagradable de adormecimiento y falta de circulación sanguínea. Eso me permite trabajar con menos dificultades en las caricaturas para la eventual publicación de un pequeño libro: "Como tres en un zapato: Viviendo con Esclerosis Mútiple".
Son las dos de la mañana de un miércoles frío, lluvioso y hasta helado.
El cachorro duerme en su mueble y yo espero que se seque la primera capa de pintura en unos forros para cojines que estoy decorando. Lo que quiero es terminar esto lo antes posible y dedicarme a lo que debo. Tener visitas en la casa sólo mirando lo que hago es malísimo.
Ya veré durante el día.
Voy a dormir algo.
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